En muchas familias hoy en día se evita hablar de la pérdida de capacidades, ya sea por enfermedad o por envejecimiento. Se huye de conversaciones sobre dependencia, dolor, cuidados paliativos, morir, ... normalmente por temor a ellos o a causar sufrimiento. Es el impulso natural querer proteger a los nuestros del sufrimiento.
Sin embargo, lo que muestra la experiencia de personas con enfermedad crónica avanzada es que lo que causa más sufrimiento a las personas es no poder compartir sus preocupaciones sobre lo que está pasando, cómo va a ser la vida en los próximos meses/años, cómo van a estar atendidos, quién va a expresar sus deseos cuando ya no puedan...
No hablar sobre estos temas condena al aislamiento a la persona que necesita compartir sus temores y, además, conduce inevitablemente a los cuidadores/familiares a un estrés extra al verse en situaciones para las que no se han preparado.
Cuando hablamos de respetar la voluntad del que no quiere saber, muy lógico a primera vista, se nos olvida que convivir en un cuerpo que se va haciendo crecientemente frágil y dependiente es una realidad difícilmente ocultable, en el acúmulo de pérdidas de funcionalidad día a día. Por eso, acompañar durante un proceso y trayectoria de enfermedad, dando garantía de soporte, se convierte en el mayor recurso para afrontar los retos que la vida nos lanza.
El objetivo de la Planificación Compartida de la Atención es favorecer el ejercicio de la autonomía de las personas, promoviendo la comunicación para expresar las amenazas que percibimos en la vida y tomar conciencia de los recursos de que disponemos para afrontarlas.
Favorece la Atención Centrada en la Persona, esto quiere decir que se tendrá en cuenta su Autonomía, su Dignidad, su Identidad.
Es un proceso siempre abierto, dinámico, como dinámica es la evolución de nuestra funcionalidad a lo largo del tiempo; podemos hacer las revisiones que queramos, de manera que la atención que recibamos se adapte a nuestros valores y necesidades en cada momento, así como al reajuste de nuestras expectativas cuando hay una transición a una nueva etapa.
Esto beneficia a todos los implicados, como veremos a continuación:
LA PERSONA:
- Mejora la información sobre su enfermedad y fomenta su capacidad para tomar decisiones
- Permite que la asistencia sanitaria que recibe sea acorde a sus valores, preferencias y necesidades
- Proporciona tranquilidad sobre su atención cuando tenga más necesidades de apoyo y cuando no pueda comunicarse bien
LA FAMILIA:
- Mejora el conocimiento de la enfermedad y la vivencia de su ser querido: sus preocupaciones, esperanzas, deseos, necesidades, capacidades...
- Ayuda a conocer mejor cómo acompañar en la enfermedad y en el morir
- Alivia la carga de tomar decisiones por el enfermo
LOS PROFESIONALES:
- Facilita la atención centrada en la persona (conociendo y atendiendo sus valores y sus necesidades)
- Permite identificar al representante que conoce bien al enfermo y participar en la toma de decisiones
- Facilita el trabajo de todo el Equipo, disminuyendo las incertidumbres
SISTEMA SANITARIO:
- Permite una atención acorde con las necesidades de la persona en cada etapa de la enfermedad
- Mejora la satisfacción de pacientes y familias
- Se favorece la autonomía y se reduce la posibilidad de obstinación terapéutica, es decir, aumenta la calidad de la atención