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Una veintena de voluntarios llenan de música el hospital de día Oncológico y la UCI.

Desde que hace cuatro meses y medio ingresó en la UCI de La Arrixaca, fruto de un trasplante de corazón que terminó complicándose, Fermín, de 48 años, no ha vuelto a escuchar el sonido del mar, tan cotidiano en las calles de Águilas, su pueblo. Le acompaña, eso sí, la voz de su hermano Jerónimo, que no se despega de su lado. También las voces cálidas, acogedoras, de médicos, enfermeros y auxiliares. Pero el resto es solo una sucesión de silencios y ruidos metálicos, sin vida, de monitores que pitan o de máquinas que se arrastran por el suelo. Cada jueves, sin embargo, pasadas las cinco de la tarde, irrumpe en este sopor de tiempo detenido una guitarra que rasga el aire. Hasta la cama de Fermín llega una sucesión de vibraciones que transforman, como si fuese magia, este rincón de la UCI.

 

La guitarrista Natalia Roda ha hecho sonar estos primeros acordes. Prepara el terreno a Rafael Pascual, sevillano, cantante y estudiante de Logopedia, que se arranca con una canción de Melendi. Es Jerónimo el que les pidió, el primer día que vinieron por aquí, que tocasen temas de Melendi. «A mi hermano le gusta, le anima». A veces, Fermín está despierto y responde con una sonrisa; incluso con algunas palmas. Hoy, sin embargo, el agotamiento y la medicación lo mantienen en duermevela. Pero Jerónimo está convencido de que la música hace su efecto, de que remueve a su hermano y le ayuda a mantener la esperanza, a seguir luchando.

 

Natalia y Rafael interpretan una canción, dos a lo sumo. Bajito, para no incomodar al resto de pacientes, con delicadeza. «Al principio estás nervioso, te resulta violento; piensas que puedes molestar. Pero los pacientes lo agradecen mucho, ves cómo les brillan los ojos. Es una experiencia maravillosa», confiesa Rafael Pascual. Como su compañera Natalia Roda, es voluntario de la ONG Solidarios, encargada del Proyecto Música, Emociones y Vida, que nació hace tres años en La Arrixaca.

 

Tras un convenio entre la Universidad de Murcia, el Servicio Murciano de Salud y Solidarios, el proyecto ha abierto desde finales de marzo una nueva etapa, más ambiciosa. Veintitrés voluntarios se turnan para acudir cada mañana, de lunes a viernes, al hospital de día Oncológico y, cada tarde, a Cuidados Intensivos.

 

Los voluntarios solo tocan si pacientes y acompañantes lo piden. A veces no es un buen momento, y el enfermo necesita silencio. En otras ocasiones, la mayoría, los músicos son recibidos como un regalo. Muchos familiares necesitan aferrarse a los acordes para recuperar fuerzas, tanto o más que los pacientes. Para Jerónimo, los cinco o diez minutos de Natalia y Rafael junto al 'box' en que permanece su hermano se convierten en un 'chute' de energía positiva que le ayuda a seguir adelante. «Vengo todas las mañanas de Águilas, así desde hace más de cuatro meses. Paso todo el día aquí y, a la vuelta, paro en el Rafael Méndez porque han ingresado a mi padre, que tiene ya 90 años. Llego a casa, ceno y me acuesto». A la mañana siguiente, toca empezar de nuevo.

 

Fuente Diario La Verdad

 

 

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